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Estudio se introduce en "el proceso y la eficacia del ritual del llamado de lluvia"
 

La prensa reportó ritos de llamado de lluvia ante la sequía de los últimos meses del año pasado. Guido Montaño analiza esta práctica en Ninoka Chico donde se utilizan varios símbolos para convocar y provocar efectivamente las precipitaciones.

La problemática del cambio climático y la sequía en el altiplano se discutió en el Diplomado “Re-investigando el desarrollo y la economía sagrada en el mundo andino”, promovido por el Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología (ISEAT) y la Universidad de Postgrado para la Investigación Estratégica en Bolivia (U-PIEB).

En ese contexto el abogado e investigador de estudios culturales Guido Montaño se propuso trabajar sobre el proceso del llamado de lluvia en la comunidad Ninoka Chico, del municipio de Calacoto, en la provincia Pacajes de La Paz, donde está asentado un caserío de pequeñas propiedades dispersas.  

“Un ritual de llamado de lluvia no tendría por qué enfocarse solo desde el factor psicológico, es decir que sirve para tranquilizar a la comunidad. En realidad quisimos ver que realmente puede ser efectivo”, dice Montaño, antes de explicar que ésa es una tarea compleja en un contexto en el que se ha separado el conocimiento material del espiritual.

El estudio se guía por la noción de que el mismo observador incide en la realidad investigada, incluso provocando su modificación, como lo plantea Javier Medina recuperando los postulados de la física cuántica. Montaño además recuperó a la arqueóloga Carola Condarco que propone que “lo semejante produce lo semejante”, un principio homeopático, señala, que en este caso se traduce en que el llanto produce la lluvia en la naturaleza.

Su observación reporta elementos del ritual vinculados al llanto: los yatiris lanzando la cerveza hacia arriba al challar, el uso del copal (lágrima del pino), colocar un cántaro de agua sobre la waka, la provocación del llanto en animales privándoles de comida o empleando golpes, entre otros hechos.  

El ritual se realizaba periódicamente al finalizar octubre en Ninoka Chico, es decir en el momento de inicio de la época de lluvias. Aunque la influencia de iglesias evangélicas mermó la ejecución del ritual, los dos últimos años de sequía propiciaron su reposición o recuperación.

“Después del ritual, los comunarios esperan que llueva casi inmediatamente –explica; en esa ocasión (20 de octubre de 2016) no se dio, aunque sí llovió después de unos días. Si bien no podemos demostrar que el ritual ha provocado las lluvias, tampoco se puede asegurar que el ritual no tiene eficacia. Si lo analizamos desde la física cuántica es muy posible afirmar que puede tener eficacia, lo que queremos es apelar a este análisis para derribar ese escepticismo, para que podamos abrir la mente y decir: sí puede haber un principio de eficacia en nuestro ritual”.

El artículo de Guido Montaño Durán que contiene su trabajo será publicado junto a otros documentos del Diplomado.

 
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